Hay muchos niños que padecen alergias. De hecho, las alergias son la principal causa de la congestión nasal crónica en la población infantil.

La inmunoterapia con alérgenos (vacunas antialérgicas) puede ser un tratamiento eficaz de ciertas alergias. Aquí encontrará los aspectos fundamentales de este tipo de vacunas, así como la forma de ayudar a los niños a afrontar este tratamiento.

¿Por qué se utilizan las vacunas antialérgicas?

Las alergias ocurren cuando el sistema inmunitario del organismo presenta una reacción exagerada a sustancias que habitualmente resultan inofensivas. Algunos de los alérgenos (sustancias que desencadenan la reacción alérgica) más frecuentes son los ácaros del polvo, el moho, el polen, las mascotas con pelo o plumas, las picaduras de insecto y algunos alimentos.

El cuerpo reacciona ante el desencadenante liberando sustancias químicas, una de las cuales es la histamina. Los síntomas alérgicos incluyen las secreciones nasales, los estornudos, el picor ocular, la congestión nasal, así como el picor y el taponamiento de los oídos. Algunos niños también pueden presentar síntomas asmáticos.

La mejor forma de prevenir o de controlar los síntomas alérgicos consiste en evitar sus desencadenantes. Un alergólogo (un médico especializado en la identificación y el tratamiento de las alergias) determinará la causa de la alergia comprobando la reacción del pacientes a alérgenos específicos mediante pruebas dérmicas (en la piel) y/o análisis de sangre. A partir de los resultados de esas pruebas, el alergista (o bien otro médico) recomendará un tratamiento, que es posible que incluya la administración de medicamentos y formas de evitar la exposición a los alérgenos.

Si ni las medidas de control del entorno del paciente ni el tratamiento con los medicamentos básicos para la alergia surten efecto, es posible que el siguiente paso sean las vacunas antialérgicas.

¿Cómo ayudan las vacunas antialérgicas?

Las vacunas antialérgicas ayudan al organismo a desarrollar la inmunidad a alérgenos específicos, con el objetivo de acabar reduciendo o eliminando las reacciones alérgicas ante dichos alérgenos. Las vacunas antialérgicas también pueden ayudar a niños con alergias y asma a tener menos crisis asmáticas.

Estas vacunas contienen una cantidad muy reducida de una forma purificada de los alérgenos que causan problemas. La dosis del alérgeno se aumenta progresivamente durante los primeros 3 a 6 meses hasta llegar a una dosis mensual de mantenimiento, que se suele administrar durante un período de 3 a 5 años. Tras este largo período de vacunaciones antialérgicas, es posible que el paciente deje de presentar síntomas alérgicos durante mucho tiempo seguido.

Si el pediatra de su hijo le recomienda un tratamiento inmunitario con alérgenos, es posible que su hijo empiece a recibir vacunas que contengan dosis muy reducidas del alérgeno una o dos veces por semana. La dosis se irá aumentando lentamente con cada nueva vacuna para que el sistema inmunitario se vaya adaptando de forma segura y se vaya haciendo inmune a los alérgenos. Esta etapa del tratamiento se denomina "fase de inicio".

Una vez que se alcanza la dosis más elevada, al tiempo que segura y eficaz, la frecuencia de las vacunas se va reduciendo de forma gradual a una a la semana, una cada dos semanas y, más adelante, tal vez a una cada mes. Esto se denomina "fase de mantenimiento". Algunos niños perciben una mejoría importante en los síntomas de la alergia durante la fase de inicio, pero otros no mejoran hasta que ya llevan 12 meses en la fase de mantenimiento.

¿Son seguras las vacunas antialérgicas?

Las vacunas antialérgicas ayudan al organismo a desarrollar una tolerancia a los alérgenos para que se reduzcan o desparezcas las reacciones alérgicas que suelen provocar. Si las administran profesionales de la salud preparados y con experiencia en esta especialidad médica, las vacunas antialérgicas son seguras y eficaces, y se pueden administrar a niños de tan solo 5 años.

Las vacunas antialérgicas, que se administran a lo largo de todo el año, son más eficaces contra algunas sustancias que contra otras. Por lo general, estas vacunas son muy eficaces contra los venenos de insecto y los alérgenos inhalables, como el polen, el polvo y la caspa de origen animal. Pero no son útiles para tratar alergias alimentarias.

Cuando un niño recibe vacunas antialérgicas, puede experimentar una leve reacción cerca de la zona donde recibió la inyección durante las horas inmediatamente posteriores a la vacunación. Es posible que una parte de la piel del brazo próxima al lugar del pinchazo se le ponga un poco roja, le pique y se le hinche. Esta reacción se puede aliviar aplicando una bolsa de hielo (envuelta en un trapo o toalla) o una compresa de hielo sobre el área afectada y administrando un antihistamínico al paciente.

Reacciones que afectan a todo el cuerpo, como la aparición de urticarias y el picor generalizado, son menos frecuentes. Y las reacciones de mayor gravedad (como el resuello, las dificultades para respirar, la inflamación de la garganta y las náuseas) son muy poco frecuentes.

Las vacunas pueden parecer una forma poco habitual de tratar la alergia, pero son un método eficaz para reducir la sensibilidad de los niños a las sustancias que desencadenan las reacciones alérgicas. Las sustancias que se utilizan en las vacunas se seleccionan teniendo en cuenta la historia médica del paciente, así como los resultados de las pruebas practicadas por el alergista. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) supervisa los métodos utilizados para preparar las sustancias inyectadas en este tipo de vacunas.

He aquí algunos consejos para asegurarse de que un niño recibe vacunas antialérgicas de una forma segura:

  • Las vacunas antialérgicas sólo deben ser administradas bajo la supervisión de un alergista/inmunólogo u otro médico o pediatra especializado en inmunoterapia.
  • Si su hijo está enfermo, sobre todo si presenta asma o problemas para respirar, no debería recibir vacunas antialérgicas hasta que el médico decida que es seguro.
  • Para evitar posibles interacciones nocivas con otros medicamentos, asegúrese de informar con antelación al médico que le vaya administrar las inyecciones a su hijo sobre los medicamentos que esté tomando.

No todas las personas que padecen alergias necesitan hacer una inmunoterapia con alérgenos. Muchos niños sobrellevan bien sus alergias viviendo en domicilios libres de alérgenos en la mayor medida posible o tomando medicamentos para la alergia durante la estación en que se agravan sus síntomas.

De todos modos, muchos niños sufren alergias a lo largo de todo el año y algunos no logran controlar sus síntomas con los medicamentos. Para estos niños, la inmunoterapia con alérgenos puede ser muy eficaz.

Reacciones y efectos secundarios

Las vacunas antialérgicas son muy seguras cuando se aplican adecuadamente, pero tienen el potencial de asociarse a reacciones graves, aunque muy poco frecuentes. Esto se debe a que este tratamiento implica que el paciente se exponga a sustancias a las que es alérgico. Todo alergista o inmunólogo cualificado dispone de medicamentos y del equipo médico necesario en su consultorio para tratar de inmediato cualquier reacción grave que pudiera ocurrir.

Cada vez que su hijo reciba una inyección, su pediatra le hará esperar durante 30 minutos en su consultorio para asegurarse de que no presenta reacciones adversas. El personal que trabaje con el pediatra estará pendiente de los primeros síntomas o indicadores de una reacción alérgica grave que requieren procedimientos de emergencia y/o medicamentos. Si se presentara una reacción grave, la mayoría de las veces ocurriría durante los 30 minutos inmediatamente posteriores a la administración de la vacuna y la reacción se trataría administrando al paciente una inyección de adrenalina (o epinefrina).

En el caso de que tenga lugar una reacción grave, lo más probable es que el pediatra reduzca la dosis del alérgeno la próxima vez que su hijo reciba una inyección, para que su sistema vaya desarrollando la inmunidad de una forma más gradual.

Millones de personas reciben vacunas antialérgicas sin ningún tipo de consecuencia negativa; sin embargo, para garantizar la seguridad, los médicos recomiendan que la inmunoterapia se administre en un ambiente controlado, donde haya médicos y otros profesionales de la salud preparados para responder en caso de emergencia. Los alergistas/inmunólogos titulados han hecho un mínimo de 5 años de formación práctica tras finalizar sus estudios universitarios, lo que garantiza que los pacientes que presenten problemas cuando les administren este tipo de vacunas reciban una atención de la máxima calidad.

En algunos casos, por cuestiones de comodidad, el alergista/inmunólogo puede dejar que el pediatra de atención primaria del niño sea el que le administre algunas o la mayoría de las vacunas en su consultorio.

Encontrar un alergista/inmunólogo

Seguramente el pediatra de atención primaria de su hijo le recomendará un buen alergista/inmunólogo titulado. En caso contrario, usted puede preguntar a algún familiar o amigo que esté en tratamiento con un alergista/inmunólogo. El sitio Web de la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología (AAAA, por sus siglas en inglés) (www.aaai.org) dispone de un listado de alergistas ordenados por localidades.

Ayudar a su hijo a afrontar el tratamiento

Las vacunas antialérgicas se administran utilizando una aguja más pequeña que las que se utilizan en la mayoría de las vacunas infantiles, de modo que resultan menos dolorosas. De todos modos, cualquier inyección puede asustar a un niño. Una actitud positiva y comprensiva por parte de los padres puede ser de gran ayuda para que el niño acepte el tratamiento y para que este pueda dar buenos resultados. El tratamiento funciona mucho mejor cuando los padres transiten seguridad a su hijo y se comprometen con el tratamiento inmunológico.

Las vacunas antialérgicas pueden asustar un poco al principio. Pero entender sus efectos beneficiosos y saber cómo funcionan les ayudará, tanto a usted como a su hijo, a aceptarlas como un elemento más de la vida cotidiana.

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