La renuencia de obtener una vacuna del COVID-19 puede obstaculizar su efectividad

La preocupación pública sobre las nuevas vacunas del COVID-19 representan un reto a una estrategia clave en luchar contra la pandemia.

A medida la vacuna en contra del COVID-19 se encuentra en el horizonte, los doctores y oficiales de la salud pública están preocupados de que esta medida que potencialmente salvavidas serán vistas con escepticismo e incluso con rechazo.

La vasta mayoría de los individuos reciben vacunas según recomendaciones, pero en décadas recientes, un aumento en el escepticismo de las vacunas ha alimentado fuertemente el esparcimiento de la mala información en el internet y a través de los medios sociales.

Cerca de la mitad de los Americanos dirían que no obtendrán una vacuna del COVID-19, al menos inicialmente. La confianza en la seguridad y eficacia de la vacuna en contra de la pandemia es especialmente baja en las comunidades Negras y Latinx, según los estudios recientes.

“Entre las razones para esto están la mala información sobre las vacunas en general y la desconfianza de un sistema que ha empujado el desarrollo muy rápido,” dijo Gary S. Marshall, M.D., doctor de enfermedades infecciosas con Enfermedades Infecciosas de Norton Children’s, afiliado con la Escuela de Medicina de Uofl.

El Dr. Marshall es también un profesor de pediatría y jefe de la División de Enfermedades Infecciosas Pediátricas en la Universidad de Louisville.

Se han completado ensayos clínicos rigurosos que involucran a decenas de miles de sujetos para tres de las vacunas que se distribuirán inicialmente en los Estados Unidos. Estos estudios han demostrado una efectividad notablemente consistente (en el rango del 90%, lo cual es notable para cualquier vacuna) y sin efectos secundarios serios, según el Dr. Marshall. Una vez se distribuyan las vacunas, se seguirá monitoreando su seguridad y efectividad.

Las vacunas funcionan de dos maneras: brindan inmunidad a las personas y reducen la propagación de la infección en la comunidad. Esto último – llamado “inmunidad colectiva” – no ocurre si se vacuna a muy pocas personas. Las enfermedades letales como el sarampión se eliminaron de los Estados Unidos hace varios años a través de programas que lograron tasas de cobertura de vacunas superiores al 90%. La esperanza contra el COVID-19 es que la carga terrible de la enfermedad que estamos viendo ahora se pueda reducir a través de una vacuna ampliamente distribuida.

La fatiga temporal y los dolores de cabeza son los peores efectos secundarios reportados hasta el momento en las pruebas clínicas de la vacuna del COVID-19.

El impacto en la salud pública de la pandemia – más de 285,000 muertes en los Estados Unidos – sugieren que cualquier efecto secundario bajo o incluso moderado es superado por el beneficio potencial, según el Dr. Marshall.

“Incluso si la vacuna no previene la infección el 100% de las veces, muy probablemente prevendrá la hospitalización y la muerte,” dijo el Dr. Marshall.

La vacuna contra la influenza, por ejemplo, aunque sólo es eficaz entre un 30% y un 40% para prevenir la influenza, es más del 50% eficaz para prevenir la hospitalización y la muerte por influenza, según la edad y otros factores. Algunas personas vacunadas no se enferman en absoluto y otras tienen una forma mucho más leve de gripe debido a la vacuna.

Las personas pueden desconfiar de las vacunas COVID-19 porque existe una tendencia a equiparar la gravedad de los posibles efectos secundarios con la gravedad de la enfermedad – la idea de que cualquier cosa lo suficientemente fuerte como para combatir una enfermedad mortal debe ser riesgosa en sí misma, según el Dr. Marshall. Esta es una tendencia humana natural, pero no se sostiene en la realidad. Como un ejemplo, señala el Dr. Marshall, la rabia es 100% letal, pero la vacuna contra la rabia es 100% efectiva y el peor efecto secundario es un brazo con dolor.

Incluso con el desarrollo rápido y una autorización de emergencia, las vacunas pasan por pruebas rigurosas y deben cumplir criterios de seguridad y efectividad.

También hay una falta de entendimiento general del proceso de desarrollo de la vacuna y las revisiones de rigurosas de seguridad que se encuentran en su lugar, incluso cuando las vacunas tal como los candidatos actuales para el COVID-19 se desarrollan tan rápidamente.

Los ensayos clínicos de Fase 3, cada uno involucrando decenas de miles de voluntarios, han mostrado una efectividad y seguridad similarmente alta para vacunas hechas por Pfizer / BioNTech, Moderna y Aztra Zeneca / Universidad de Oxford, y estas son las vacunas que muy probablemente serán distribuidas primero en los Estados Unidos. Cada uno de estos estudios contrató a un comité de monitoreo de datos independiente para poder hacer revisiones en el avance y en los resultados. También, las pruebas clínicas incluyeron voluntarios de grupos de alto riesgo, tales como las poblaciones Negras y Latinx.

Norton Children’s Infectious Diseases (Enfermedades Infecciosas)

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Poco tiempo después que la Administración de Alimentos y Medicamentos reciba las solicitudes conteniendo los datos de las pruebas clínicas para cada uno de estos, se reunirá para determinar si se debe otorgar una autorización de uso de emergencia (EUA – por sus siglas en inglés de Emergency Use Authorization). Una EUA es similar a una aprobación estándar en que el producto puede ser usado en la práctica y fuera del contexto de la investigación.

Bajo una EUA, los datos continúan siendo recolectados que ultimadamente pueden llevar a una aprobación completa. En paralelo, el Comité Asesor en Prácticas de Inmunización se reunirá para presentar recomendaciones sobre la priorización de los grupos que deben ser vacunados primero.

Tal como cualquier nueva vacuna, cualquier efecto secundario muy serio y raro puede ser detectado hasta que millones de personas hayan sido vacunadas primero.

Ultimadamente, si dichos eventos son detectados, la sociedad tendrá que balancear la probabilidad muy baja de esas reacciones muy serias con una posibilidad muy real y mucho más probable de que millones morirán de COVID-19 si no alcanzamos al inmunidad colectiva muy pronto, según el Dr. Marshall.


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